Así como avanzaban las horas lentamente en la fría noche sin luceros, el viento que soplaba desde la sierra chocaba contra las viejas paredes desatando sonidos casi fantasmales que le quiebran el alma a los desprevenidos mortales que cruzan a esa hora por las solitarias calle de los paramos de aquel caserío triste sin aspiraciones de ser humilde pueblo donde las pocas almas del señor subsisten resignadas a una falsa felicidad que suele poseer casi que genéticamente la mayoría de los pobres... así mismo avanzaban las menguadas tropas de infantería casi que muertas de frío y hambre completando el patético cuadro de la desesperanza con la miseria lugareña... pensar en un reposo a esas horas y en ese lugar era practicamente un suicidio, el teniente Robledo miraba desconsolado la hora, un poco mas allá de las doce, le urgía salir de esa zona cuanto antes, el sonido del viento le indicaba que solo cosas macabras llegaban tras esos gemidos.
__¡Avanzar sin descanso! este maldito páramo no es nada bueno ¡avanzar!_ rugía en tono bajo y desesperado casi que cerrando las filas de lo poco que quedo de su tropa, en la parte de abajo, en sentido contrario a su marcha quedaron en el campo de batalla gran parte de sus bravos soldados y a sabiendas que el enemigo les sigue el rastro como el depredador a su alimento... asi como aparecieron por ese misero caserío desaparecieron tras pasar por el barranco del tuerto, luego siguieron varios minutos de funebre silencio donde ni siquiera el viento hizo de las suyas, luego llegaron como caballos desbocados los perseguidores buscando a diestra y siniestra a sus enemigos, tumbaron las pocas puertas en cuestión de segundos hasta que una voz femenina exclamó;
__¡pasaron hace cinco minutos comandante!
__ ¡vamonos! aún podemos darles alcance antes del río, ¡andando!_ ordeno el cabecilla mientras desaparecían del paramo... de nuevo el viento se dejo sentir con esos sonidos fantasmales que ahora se colaban por las puertas abiertas a patadas calando mucho mas frio entre los lugareños, así fue hasta bien entrada la maña a pesar del radiante sol, justo a la hora en que llegó del pueblo el arriero Venancio y le preguntaron si vieron pasar a los soldados
__soldados en el pueblo... no los vemos desde que subieron hacia acá hace quince días... ¿dicen que regresaron anoche? con razón hay alboroto en el pueblo, andan los bandoleros preguntando si los vieron llegar mucho me temo que cayeron por el barranco o se los llevaron las brujas, de cualquier manera que dios los tenga en su gloria._
En horas de la tarde, los habitantes del páramo vieron ir y venir centenares de soldados, escucharon el vuelo de los ruidosos helicópteros durante dos semanas, todos andaban tras la pista del teniente Robledo y sus soldados, una intensa búsqueda que no arrojo resultado alguno.
Me gusto mucho...
ResponderEliminarDaban ganas de seguir leyendo.
Un afectuoso saludo.