miércoles, 9 de noviembre de 2016

LA SEÑORA WHITE

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El momento había llegado, aunque lo había deseado muchas veces, jamás se imaginó que seria de esa manera, aún al estar a solas en ese cuarto de hotel no daba crédito a su actual situación... le parecía que eran solo unos días mas de vacaciones, que pronto volvería a la elegante casa blanca, con sus paredes blancas, con sus muebles blancos... con ese finísimo piso de mármol igual de blanco donde todo parecía invisible, donde su esposo le había obligado eso si de la manera mas cariñosa posible a vestir del mismo color... y ni hablar de las tres plazoletas y los siete vehículos de diferentes marcas... pero igual de blancos hasta las llantas, eso la deprimía tanto, incluso en alguna etapa de su matrimonio llego a pensar que todo el mundo era de color blanco sobre todo porque la vivienda estaba lo mas cercano al polo norte y lo único de otro color que su esposo no pudo ocultar era ese cielo azul que se asomaba unos pocos días al año.

Ahora se encontraba en ese hotel lleno de flores de todos los colores, donde pájaros de todos los tonos y tamaños no cesaban de sobrevolar sobre su cabeza, ella disfrutaba cada segundo de todas esas maravillas y al caer la tarde, se sentaba en la playa a mirar la luna y recordaba a su esposo;

__ ¡pobre de ti Arthur White! mira de lo que te pierdes por hacer honor a tu apellido,,,¡si que lo llevaste al extremo!... yo también lo lleve al extremo al decirte que si me casaba contigo, de verdad te digo como te dije todos estos años que no hay otro hombre al que le haya dado toda mi pasión como lo hice contigo, tuve felicidad total en tus brazos, tuve todo lo que una mujer enamorada de su esposo jamás soñó con tener... lo único que jamás te dije es que me estaba enfermando de ver todo en tonos de blanco... no lo hice por ese amor que te tuve y aún te tengo Arthur, te confieso que deseé muchas veces en estos años recientes salir de la mansión polar, sobre todo cuando Yelena nos dijo que se marchaba en el primer barco porque no tenia espíritu de mujer del hielo... te juro que quise salir corriendo tras ella... pero ese amor por ti me detuvo... temía que en vez de tener una hija tuviera un oso polar y así combinaría con todo el mobiliario...¡si tan solo estuvieras aquí conmigo disfrutando de tantos colores y sonidos!... mira como es de irónico el destino; dejaste este mundo en nuestra blanca cama luego de ese resfriado común que por tu terquedad no quisiste curar saliendo por unos meses de nuestra casa... si no fueras tan terco estarías a mi lado justo en este momento._ y lanzo un suspiro lleno de nostalgias acompañado de dos lagrimas que parecían brillar como diamantes bajo la luz de la luna.

El nuevo día le trajo la compañía de su hija Yelena y su nieto... ¡era la viva imagen de Arthur!... solo que en versión bronceada, hubo un emotivo abrazo de aquellos que se dan esos seres queridos que no se han visto por mucho tiempo

__¿tu eres mi abuelita del hielo?_  preguntó el pequeño lleno de curiosidad
__seguro que si, pero ahora voy a vivir aquí, ¿nos vamos de compras?...¿por que me miras tanto?
__no creo que en esta isla haya ropa tan blanca como la que te gusta abuelita, casi toda esta llena de colores._ dijo el pequeño con valentía, ella se puso a reir como muy pocas veces lo había hecho, le dio un beso en la mejilla y le dijo;
__ cuento con eso, ya no quiero vivir en blanco.

         

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